FUNDAMENTOS
Y PRINCIPIOS DEL SINDICALISMO CLASISTA
1
A
QUE NECESIDADES RESPONDE LA ORGANIZACIÓN SINDICAL
En este breve resumen queremos precisar
en qué consiste el Sindicalismo Clasista del proletariado para seguir una
orientación justa, aplicar formas de organización, métodos y tácticas de lucha
eficaces.
¿Qué es el Sindicalismo proletario?
Para responder a esta pregunta, debemos tener presente a qué necesidad
histórica responde el nacimiento de la organización sindical y el desarrollo
del sindicalismo. El Sindicato no es una organización cualquiera de la clase
obrera, sino una organización de lucha. No nació pues, en
cualquier momento, sino cuando el proletariado comprendió tres cosas: 1ro) Que
necesita luchar contra la explotación capitalista; 2do) Que esta lucha no podía
realizarla ningún obrero solo, sino uniéndose y organizándose con sus
compañeros de trabajo; y, 3ro) Que ya no servían las antiguas formas de
organización y de lucha, correspondientes al artesanado; y que había que
encontrar nuevas formas, propias de la clase obrera. Tratando de resolver esta
necesidad, fueron formándose en diversos países capitalistas, casi
simultáneamente, los primeros sindicatos.
2
LOS
CUATRO PRINCIPIOS EN QUE SE BASA EL SINDICALISMO CLASISTA
Resumiendo lo anterior cabe repetir que
los sindicatos, por su origen y funciones, son fundamentalmente "instrumentos
de la lucha organizada de los trabajadores/as por sus reivindicaciones
inmediatas". Eso no quiere decir que la lucha sindical deba
desarrollarse solo en el plano económico. En el curso de esta lucha los
patrones se enfrentan a la clase obrera con una intensa campaña ideológica y
con toda clase de instrumentos políticos
De estas circunstancias o premisas
surge la necesidad de que la lucha sindical se afirme y oriente en cuatro
principios esenciales. Estos principios son:
1º Lucha
consecuente por los intereses de la clase obrera;
2º
Unidad sindical;
3º Democracia
interna en la estructuración y funcionamiento de los sindicatos;
4º Independencia
política de clase.
Veremos en seguida en qué consisten y
por qué son imprescindibles estos cuatro principios.
3
LUCHA
CONSECUENTE POR LOS INTERESES DE LA CLASE OBRERA
Si el sindicato es, como hemos visto,
una organización de lucha reivindicativa, no hace falta casi, explicar el carácter
mismo de la organización sindical y del sindicalismo clasista. Se trata, en
esencia de un movimiento combativo destinado a servir a los trabajadores en
franca alianza con otras organizaciones, tales como los Consejos de
Trabajadores/as, Delegados/as de Prevención y organizaciones populares. Pero en
la práctica, se corre muchas veces el peligro de olvidar esta misión del
movimiento sindical, debido precisamente a las influencias y corrientes
extrañas que alientan los patrones en el seno de los sindicatos.
En efecto, los capitalistas hacen en un
principio, todo lo posible por impedir que los trabajadores de sus fábricas y
empresas se organicen sindicalmente, pero luego, cuando el sindicato surge a
pesar de ellos, concentran sus esfuerzos en desviar o neutralizar su acción,
procurando intimidar, corromper o ablandar a los dirigentes. Es así como ocurre
con frecuencia que un sindicato forjado en plena lucha reivindicativa, al cabo
de un tiempo comience a ser conducido al terreno de las componendas o, simplemente,
empieza a decaer en su actividad combativa y a convertirse en una especie de
club social, ajeno a los problemas del trabajo y renuente a la defensa de las
reivindicaciones. Y lo que pasa con un sindicato, acontece también con los
organismos superiores, incluso con la organización nacional. Todo lo cual se
debe fundamentalmente a que los dirigentes abandonan por uno u otro motivo
inconfesable, los intereses del proletariado e aquí la importancia de la
participación activa y protagónica de los afiliados/as.
Esta posibilidad exige que se considere
como un principio fundamental del sindicalismo clasista, la lucha consecuente
por los intereses del proletariado. Quiere decir que, al organizar un sindicato
debe consignarse este principio en la Declaración de sus fines y propósitos.
Quiere decir, además que los afiliados al sindicato solo deben elegir para los
puestos dirigentes a quienes hayan demostrado en los hechos que su principal
preocupación son los intereses colectivos y que, por lo tanto, son obreros
capaces de mantenerse firmes frente a las amenazas y frente a todo intento de
comprar sus conciencias y de matar su espíritu de lucha.
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LA
UNIDAD SINDICAL, Y COMO DEBE SER ASEGURADA
La fuerza de un sindicato y su
capacidad para mantenerse en la lucha y resistir y vencer la presión de los
patrones depende, sin embargo, no solo de la firmeza y consecuencia de sus
dirigentes, sino, también de las bases que lo sostienen. Mientras más amplia
sea esa base, mientras más trabajadores de la misma fábrica o la misma empresa
formen parte del sindicato y participen activamente en sus reuniones, más
poderosa será la organización y más probabilidades de éxito tendrá en sus
luchas.
Cabe entonces formular la siguiente
pregunta: ¿Quiénes deben ser miembros del Sindicato? Todos los
trabajadores/as de la fábrica, o de la industria, o de las instituciones.
Cuando decimos: todos, nos referimos a que ningún trabajador debe
estar excluido del derecho a pertenecer al sindicato, nos
referimos a que es necesario procurar que sean miembros de él todos o la
mayoría de los trabajadores/as de la respectiva fábrica, industria,
institución, etc. Es decir, que no cabe ninguna discriminación en el seno de la
organización sindical, con tal de que sus miembros estén de acuerdo con los propósitos
y los Estatutos.
Tal amplitud orgánica del Sindicato se
debe a su origen mismo, a las circunstancias que crean la necesidad de este
tipo de organización. Hemos visto ya que los trabajadores se sienten precisados
a enfrentarse unidos y organizados a la explotación capitalista, allí donde
ella se realiza en forma directa. Pero, la explotación capitalista afecta en la
misma forma, con los mismos métodos, a todos los obreros de una misma fábrica,
empresa, industria o institución, sin hacer distingos de ninguna especie.
Igualmente asalariados, sufriendo el mismo sistema de trabajo, los mismos
horarios, los mismos abusos, entre otros, se encuentra los empleados
públicos, comunistas, democratacristianos, viejos y jóvenes, mujeres y varones,
católicos y protestantes; indígenas, mestizos y blancos; venezolanos y
extranjeros. Es claro que el capataz, el jefe de sección o el maestro de
máquina, así como un supervisor, director o gerente no reciben el mismo salario
que el operario y el aprendiz o ayudante; o el auxiliar, inspector, también
sucede que los capitalistas pagan un sobre-salario, en calidad de soborno, a
algunos dirigentes amarillos o a los soplones. Pero, estos son casos
excepcionales, que no modifican el régimen de explotación del trabajo
asalariado ni la condición de clase explotada en que se encuentran bajo el
régimen capitalista los trabajadores/as en general.
Y, si todos somos explotados en la
misma forma, todos debemos unirnos también para luchar con el mismo enemigo de
clase, por las mismas reivindicaciones inmediatas.
De lo dicho, se desprende pues, que en
el sindicato y en el movimiento sindical debe imperar, antes que todo, la unidad
de clase. Es decir, una unidad que solo tenga en cuenta la condición
de clase proletaria, de miembros de esa misma clase. Mariátegui decía con toda
razón: "El sindicato no debe exigir de sus afiliados sino la
aceptación del principio clasista. Dentro del sindicato caben así los
socialistas reformistas como los sindicalistas, así los comunistas como los
libertarios. El sindicato constituye, fundamental y exclusivamente, un órgano
de clase". Y lo que decía Mariátegui, es válido en todas las
épocas.
En los sindicatos actuales deben estar
unidos todos los que somos de la clase trabajadora, con la sola condición de
que sean obreros (o empleados) y tengan en frente a los mismos patrones,
públicos y privados. Deben estar también, trabajadores hombres y mujeres de
todas las edades, razas, nacionalidades, creencias. No caben por lo tanto
sindicatos, federaciones o confederaciones, afiliados a un determinado partido
político o a una determinada corriente religiosa. Y no caben tampoco
sindicatos, federaciones o confederaciones donde los obreros de determinada
filiación política tengan mayores derechos que los otros, o donde los puestos
directivos sean detentados por dirigentes de un sólo partido contra la voluntad
de la mayoría. Para que el movimiento sindical cumpla cabalmente con sus fines,
debe hacerse prevalecer en todo instante el principio de la UNIDAD
SINDICAL.
5
LA
DEMOCRACIA SINDICAL Y LOS PRECEPTOS EN QUE SE BASA
Los dos principios anteriores quedarían
en letra muerta si no agregamos a ellos el principio de la DEMOCRACIA SINDICAL,
o sea la democracia interna en los sindicatos. Para que el sindicato agrupe a
todos los trabajadores de una misma fábrica, empresa o industria, sin hacer
distingos ni discriminaciones, todos los afiliados al sindicato deben tener
iguales derechos y deberes. Al mismo tiempo, para asegurar una completa unidad
entre sus integrantes, hay que reconocer a todos ellos las mismas facultades y
las mismas posibilidades de defender sus reivindicaciones, de exponer
libremente sus puntos de vista, de proponer y votar por sus propios candidatos
para los puestos directivos. En una palabra, es preciso que cada uno y todos
los miembros del sindicato se identifiquen dentro de él, considerándolo como su
propio instrumento de lucha.
Estos son los fundamentos teóricos en
que se basa la democracia sindical. El respeto de estos fundamentos constituye
la mejor garantía para la lucha consecuente por los intereses de los
trabajadores/as y para asegurar la unidad sindical. Pero, la realización
práctica de este principio requiere la aplicación de las siguientes normas: a)
Todos los miembros del sindicato tienen los mismos derechos a ELEGIR Y SER
ELEGIDOS para cualquier cargo o comisión; b) Todos tienen derecho a voz y voto
en las asambleas generales y en las reuniones de los organismos a que
pertenezcan; c) Las obligaciones y derechos contemplados en los Estatutos son
igualmente aplicables y obligatorios para todos los miembros del sindicato sea
cual fuese el cargo que ocupen; d) Todos deben reconocer a la Asamblea General
del Sindicato como la máxima autoridad, cuyos acuerdos tienen que ser
aceptados, respetados y cumplidos por todos; e) En las asambleas y reuniones de
cada organismo, los problemas deben ser discutidos democráticamente, y la
minoría debe acatar estrictamente la decisión de la mayoría; f) La elección de
los órganos dirigentes en cada instancia debe realizarse también por mayoría de
votos, lo cual obliga a acatar después su autoridad; g) Los dirigentes así
elegidos tienen la obligación de rendir cuenta de sus funciones,
periódicamente, al organismo que los eligió; y, h) Cualquier dirigente puede
ser relevado de su puesto por mayoría de votos del organismo que lo eligió.
Este conjunto de condiciones de la
democracia interna, es aplicable tanto a los sindicatos de base como a las
federaciones, uniones departamentales y confederaciones. Sobre esta base se
asegura la estructuración democrático-centralista del movimiento
sindical.
6
EN
QUÉ CONSISTE LA INDEPENDENCIA POLÍTICA DE CLASE
El hecho de que la unidad sindical y la
democracia interna destierren toda clase de discriminación política en el seno
de la organización sindical, no quiere decir que los sindicatos deban
preocuparse solo de las reivindicaciones económicas o de los problemas
puramente gremiales o inmediatos. Eso sería caer en el economismo. La vida
demuestra prácticamente que tal actitud es imposible, a pesar de los esfuerzos
de los agentes patronales, interesados siempre en reducir la actividad sindical
a su mínima expresión.
Para que los proletarios puedan
alcanzar cualquier aumento de salario, casi nunca es suficiente la reclamación
que hacen a los patronos. Estos, generalmente, rechazan tales demandas apoyados
en alguna ley y en la llamada "libre contratación". Se apoyan también
casi siempre en los órganos administrativos del Estado: El Ministerio de
Trabajo, las Inspectorías de Trabajo, entre otras. Y, cuando los trabajadores
insisten en sus demandas a pesar de las resoluciones propatronales de estos
organismos, entonces el Estado —que representa políticamente, en la mayoría de
los casos, los intereses de los explotadores— responde violentamente, empleando
sus instrumentos de fuerza armada. La intervención del aparato estatal en
contra de los intereses de los trabajadores hace, pues, que las
reivindicaciones más importantes lleven la lucha económica a un plano político.
Los aumentos de salarios, así como la reducción de los horarios de trabajo, la
seguridad social, las leyes de protección laboral, entre otros, se han obtenido
y se obtienen siempre mediante acciones dirigidas no sólo contra la resistencia
de los patronos sino también contra la parcialidad y los abusos frecuentes del
poder político.
A lo que acabamos de decir, se agrega
la circunstancia inevitable de que en cada sindicato hay obreros afiliados a
distintos partidos políticos, cada uno de los cuales pretende orientar las
cosas por el camino trazado por su respectivo partido.
El apoliticismo total resulta, por lo
tanto, imposible en la vida sindical. El Sindicato no puede prescindir
totalmente de la lucha política ni tampoco puede prohibir que sus afiliados
pertenezcan a tal o cual partido. No puede prohibir siquiera que algunos de
estos afiliados sean incluso gobierneros, porque no puede impedir que unos
obreros tengan conciencia de clase menos desarrollada que otros.
Pero, la acción política que el
sindicato se ve obligado a realizar en defensa de los intereses de los
trabajadores, no puede confundirse ni identificarse con la actividad
partidaria. La política sindical no es ni puede ser la política de un
determinado partido político. Debe ser una política de clase, es decir
solo para defender los intereses de la clase obrera y de las masas explotadas.
Esta política puede coincidir circunstancialmente con la posición de algún
partido, en particular con el partido de la clase obrera; pero, no debe ser
política partidaria ni subordinada a un determinado partido, porque entonces
peligra la aplicación de los otros principios fundamentales del sindicalismo
clasista. En efecto, si el sindicato o el movimiento sindical se subordina a la
disciplina y a las consignas de un partido político cualquiera, es muy difícil
que realice una lucha consecuente por los intereses de la clase obrera, ya que
se da la posibilidad de que este partido sea un partido de la burguesía, de la
pequeña burguesía vacilante, e incluso de la más oscura reacción. Tampoco
podría asegurarse la unidad sindical y la democracia interna, porque los
obreros ajenos a ese partido (independientes o de otros partidos), no querrían
someterse a esa voluntad extraña ni podrían considerar a tal sindicato como un
instrumento propio; tampoco podrían ejercer libremente sus derechos ni estarían
dispuestos a cumplir con sus deberes en servicio de un partido que no es el
suyo. Esto que decimos se refiere igualmente a la política gubernamental. Si el
movimiento sindical se convirtiese en instrumento del gobierno de los
explotadores, su acción devendría en contraria a los intereses de los
trabajadores, determinando que estos se alejasen del sindicato haciendo
inaplicable la democracia sindical.
La experiencia de todos los países y
muy especialmente nuestra propia experiencia, confirman a cada paso lo que
acabamos de explicar. Cada vez que los gobiernos han pretendido imponer su
voluntad sobre el movimiento sindical, este ha resistido heroicamente a tal
presión. Y, cuando no ha podido resistir con éxito, se ha dividido y
debilitado. Por esta razón no se debe permitir que haya predominio de una
política partidaria, exclusivista, y al servicio de los enemigos de la clase
obrera o de conciliación, tal política solo ha podido imponerse a costa de la
renuncia a la lucha por los intereses del proletariado, haciendo peligrar la
unidad sindical y abandonando totalmente la democracia interna.
En resumen, la política del movimiento
sindical solo puede ser una POLÍTICA INDEPENDIENTE DE CLASE, es decir, una
política no partidaria ni gubernamental, que responda exclusivamente a los
intereses de clase del proletariado. Esto se aplica, por supuesto, a los países
donde impera la explotación del hombre por el hombre.
7
CONCLUSIONES
Los cuatro principios del sindicalismo clasista, que hemos enumerado y
explicado, surgen del contenido esencial de la misma lucha de la clase obrera.
Los cuatro son inseparables y sin ellos no sería posible garantizar que el
sindicato cumpla eficazmente con la función que dio lugar a su nacimiento y que
está llamado a desempeñar en todo instante. En nuestro país se hace más
necesario que nunca, luchar porque se apliquen estos principios, ya que el
proletariado venezolano es objeto da una intensa ofensiva de las clases
explotadoras y del imperialismo norteamericano dirigida principalmente contra
su unidad y contra sus derechos sociales y constitucionales. Los enemigos del
proletariado venezolano ven que esta clase crece día a día y adquiere
rápidamente una clara conciencia de su rol histórico. No pudiendo impedir este
proceso, tratan de detenerlo o desviarlo, utilizando para ello a elementos
traidores encargados de dividir sus filas y de desmoralizarlas hasta lograr su
derrota. Contra tales factores negativos sólo cabe responder aplicando
estrictamente estos cuatro principios.
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